Un guiño hacia el pasado y en concreto hacia la época a finales de los años 50 y comienzos de los 60 fue el punto de mira de Miuccia Prada, quien homenajea la silueta femenina reinterpretándola a su manera, con un especial énfasis en la investigación de materiales.
Moños adornados con cintas anchas en punto de ochos o visones fueron los detalles que dieron la pauta más visible, además de los zapatos de salón con tacones altos y finos que a veces llevaban pequeños lazos típicos de aquellos años, pero que esta vez estaban acompañados de largos calcetines en punto grueso.
El énfasis en el busto fue la nota dominante a través de enormes pinzas -creando pechos puntiagudos-, así como el uso de bordados de volantes incrustados en pedrería que cubrían los senos a fin de crear una especie de imán hacia esta zona. También utilizó cinturas entalladas con cinturones estrechos y otra vez lazos, además de faldas ligeramente amplias dotadas de enaguas tecnológicas del siglo XXI.