Nina Ricci


París — 10 / mar / 2010

En unos salones de la Place Vendôme de París, epicentro mundial del lujo más exquisito, tiene lugar la puesta de largo del pret-a-porter de Nina Ricci para el próximo otoño-invierno; son 38 salidas como 38 cantos a ese buen gusto que siempre caracterizó a esta casa. La colección se ensambla con un exquisito sentido del equilibrio mientras entre las delicadas piezas se desmenuzan los códigos de la firma: lazos y lazadas, nudos de mariposa y detalles de lencería y corsetería que susurran secretos de alcoba sin molestar, en las antípodas de todo escollo de vulgaridad, ensalzando la feminidad de un modo suave y delicado, nada estridente. 
 
El desfile, con referencias a la artista Pina Bausch, sitúa en un jardín de invierno la opulencia de la Belle Epoque y la plasma en prendas que respiran poesía. El resultado es una línea de vestidos sensuales en una paleta de colores que va del negro absoluto de las pequeñas tafetas en forma de escalera al plata de los leves satenes o el gris marengo de las prendas más invernales. El conjunto se deja alterar levemente por unas oportunas pinceladas de tonos iris y fresa en corpiños y algún cárdigan.  

En toda la colección apenas hay estampados, dos a lo sumo, breves y diluidos; abunda sin embargo un notable buen gusto que reconcilia como en pocas ocasiones diseño y comercialidad, incluso pese a la estética teatral de alguna piezas por sus proporciones. Así que parece que en Nina Ricci vuelven a sonreír: han encontrado en Peter Copping la magia que ha devuelto el esplendor a la gloriosa casa de moda.

Nina Ricci — Timeline