Como si de un coctel organizado por la hija mayor de la familia Adams se tratase, la colección presentada por la gallega María Barros jugaba alrededor del misterio con unas modelos de mirada mística y pelucas plateadas.
La diseñadora plasmó su interés en mostrar la historia de su vida y su visión del mundo en un desfile en el que el volumen de cada una de las prendas tomó como referencia la forma circular como símbolo de perfección y homogeneidad. Volúmenes que se han expresado, en ocasiones en exceso, alrededor de hombros y cinturas con la seda y la lana como protagonistas de un universo donde colores neutros se entremezclaban con burdeos o verdes.
Una reminiscencia de la tendencia bling bling al más puro estilo Donatella Versace ha aparecido en maxi-joyas y detalles dorados en combinación con omnipresentes guantes y cinturones de cuero que han dotado la colección de este punto fame fatale capaz de atraer y asustar, a partes iguales, al género masculino ya que hay que ser muy hombre para adentrarse con la chica Barros en la mansión de los Adams.
Jordi Armengol
María Barros — Timeline