Emilio Calzada
Madrid —
22 / sep / 2010
Últimas horas de la 52 edición de Cibeles y máxima expectación en el pase de la diseñadora catalana, a quien le sobran clientes y rendidos admiradores. De amor va precisamente su colección para la primavera del año que viene: Delgado borda la palabra mágica en distintos idiomas sobre algunas de sus prendas, y sobre otras inserta ilustraciones con amantes besándose. También hay anclas y corazones toscamente inscritos sobre veraniegas piezas de algodón, aunque por lo general los estampados son un primor: flores, mariposas y hasta gatitos ilustran el busto de elegantes vestidos con los que la señorita vestida por la catalana gana en audiencia y patrocinadores.
Románticas faldas de alucinante vuelo subrayadas por líneas en rosa flúor convierten el romanticismo en placer licuante. Así las cosas, la diseñadora cuelga refulgentes perlas de Suárez sobre una camiseta de tirantes cubierta con una rebeca dorada y se lo perdonamos con gusto. Los cortes sirena en aguamarina y champagne, insultantemente sexys a la manera del Versace del siglo pasado, resultan sin embargo excesivos, por no mencionar los vestidos de noche con print de leopardo en plateado sobre transparencias nude: too much.
El balance, finalmente, es positivo: Lydia Delgado vende y se la juega, juega y se vende, seduce y despista: es una artista, esa categoría tan difícil de conquistar ante la mirada de una industria que nada sabe del amor.
Lydia Delgado — Timeline