Emilio Calzada
Madrid —
19 / sep / 2010
Sobre el papel, la información suministrada acerca de la colección de Lemoniez para el verano del 2011 promete sensaciones fuertes muy inusuales en las presentaciones del modisto donostiarra, con la liberación sexual de la mujer en la década de los 70 -sí, otra vez- y los iconos femeninos de la época como principales referentes.
Una vez comenzado el desfile, bastan media docena de salidas para desmentir cualquier atisbo de revolución en el estilo de la firma, casi siempre demasiado rígido o demasiado simplificado o demasiado poco favorecedor incluso cuando apuesta por marcar la silueta de la anatomía femenina. Era una buena ocasión para pervertir la excesiva buena educación de las creaciones de Lemoniez y al vasco no le faltan ni oficio ni clientela, pero la irregularidad vuelve a lastrar el conjunto.
Consiguen encarnar el programa de la colección la bohemia sexy que se pasea enfundada en un vestido largo anudado al cuello con media espalda al descubierto y aquella más desafiante que descubre una pierna a través de la generosísima abertura desde la cintura de otro vestido cruzado. El encanto coqueto de los topos naranja sobre verde también es apropiado, pero las salidas en caldera y marrón apagan cualquier alegría primaveral, los estampados vintage en satén rosa parecen rescatados de un pasado poco deseable y los volantes que rematan los escotes resultan demasiado grandes para vestidos cortos que contrastan con túnicas rectísimas de aspecto asfixiante. La revolución se queda a medias.
Lemoniez — Timeline