15 / feb / 2010
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La fiesta de Penélope

Brais Vilasó

Para su fiesta, Penélope ordena al servicio que extienda una alfombra verde, y pide a los invitados que acudan ataviados adecuadamente, o por lo menos lo intenten. Si es de sastres del reino, mejor que mejor. Tras sus incesantes rupturas con los gobernantes extranjeros, la reina se ha prendado del apuesto príncipe Bardem II, quien, desacostumbrado de hacer su cama, se olvida de hacerse a sí mismo. Por su parte, ella nos alumbra con una sonrisa, adivinando que llamará con un sinquerer debidamente estudiado la atención de todo aquel que pase a su lado.

La princesa Maribel aparece la primera, siempre escueta, correcta, simplemente brillante. Goya de Toledo, íntima de su majestad, nunca se atreve; y mira que se lo ha dicho la reina Penélope: "el que no arriesga no gana, princesa Goya". Del reino del marketing, la princesa Bimba sorprende a los invitados con la nueva imposición en su reino, el de un amarillo soez y acertado ya visto en la Reina Gaga.

La desesperación por el trono ha llevado a la princesa Dafne a ser infiel a su sastre, sorprendiéndose con la desfachatez de la ya reina Paz, al presentarse con uno de los arrabaleros diseños que antes vestía. De dorado aparecen las representantes del reino de Rueda y Verbeke, combinando el tono festivo de sus vestidos con el rojo de la emperatriz Leticia de Dolera, y el desacertado azul de la sucesora, Manuela de Velasco. Pero...emperatriz Verónica, emperatriz Lola, ¡como osáis! Menos mal que Clara, la aldeana venida a más desde su paso por la tierra de Victoria, os da un coletazo en toda la cara, y pese a su juventud, os da una lección de saber vestir.

Finalmente, llega la hora, la hora de la reina, el porqué de todos y cada uno de los habitantes que se han acercado hasta palacio para recibirla, admirarla, criticarla, e incluso intentar acabar con su monarquía absoluta. Viste de blanco un diseño de una familia de sastres italianos. El vestido sugiere cortes, y esconde detalles, como escondido ha estado el padre de la reina, de vuelta para la ocasión. Su padre es aplaudido y nosotros aplaudimos a la reina, siempre tan maestra. Porque querer es poder, pero pudiendo, no siempre se consigue.

 

Fotos: EFE

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