Pau Avia
ParÃs —
16 / mar / 2010
La representación es oscura y misteriosa, difícil de percibir si no es por los focos que siguen a las modelos a través de un inmenso espacio diáfano, iluminando de pies a cabeza por qué la resurrección de Givenchy, desde que Riccardo Tisci llegara a la casa, se explica mejor con hechos rotundos que con palabras.
La propuesta es directa: nude, negro y rojo sobre cuero, lana, plumas y seda. La mujer Givenchy se abriga con abrigos tres cuartos y no viste escotes para esta ocasión. Más bien opta por total looks en negro o rojo que embaucan a la vista con superposiciones y volúmenes construidos con faldas que no terminan de cerrarse o con simples pantalones de pinza.
Hacia la mitad del desfile aparece el estampado de toque eclesiástico a base de sutiles geometrías, acompañado de punto y algo de neopreno. Algunos efímeros modelos masculinos toman la pasarela con sus sandalias llevadas con calcetín, los ya clásicos pantalones cortos con medias y las impolutas camisas blancas marca del diseñador. Esta vez el detalle han sido los guantes y bolsos con incrustaciones en pedrería mimetizados por completo en una sola unidad visual.
Después de esta colección, quienes admiramos el trabajo de Tisci en Givenchy ya sufrimos esperando a la cita con la Couture en junio.
16 / mar / 2010