Etro


Milán — 06 / mar / 2010

¿Víctor o Victoria? Eso es lo que debieron pensar los invitados a su último desfile en Milán.

Una sabrosa mezcla de conceptos envueltos bajo la sinuosa marca italiana, que se mueve entre la mezcla tejidos y la mezcla de ideas como si cada modelo hubiera caído literalmente en la teoría del caos –eso sí, un caos perfectamente ejecutado, donde ningún tejido resalta mas que otro y todo queda sujeto a un mismo estilo– y que consigue aportar una neomasculinidad que mascada en cada salida.

La excepción la pusieron los vestidos y las salidas listas para la alfombra roja (red-carpet to wear) que más parecían una pugna entre Cavalli y Versace para ver quién se apoderaba de cada escote y cada satén y que crean confusión al conjunto en lugar de realzar la propuesta.

Propuestas que por otra parte no abruman, pero que sí aportan una nueva idea al imaginario de las revistas que tienen que llenar páginas para el extra de septiembre. Quizá tardemos un poco más, por parte de Etro, en tener alguna visión del futuro plasmada en su ropa (teniendo en cuenta que a ellos poco les interesa ser considerados los más vanguardistas), pero lo cierto es que sólo unos pocos se arriesgan y el resto les sigue cuando las ideas cuajan. En este caso no pecan de valientes pero tampoco de fáciles o de carentes de sentido de la moda.

 

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