Pasarelas Mujer Paris Prét-à-Porter Otoño-Invierno 2010/11 Christian Dior
Jesús Mª Montes-Fernández
París —
10 / mar / 2010
El último trabajo de Dior se fija, una vez más y a instancias de la alta costura, en la estética de la equitación. Montada sobre sus estribos, la mujer Dior sale de las caballerizas para evadirse de la época que le tocó vivir y seducir con la audacia libertina de los poetas románticos.
Las chaquetas de caballería se llevan con el cuello levantado y son abiertas sobre vestidos-camisa en muselina y encaje de una delicadeza turbadora, con detalles impresos de aquel siglo. Bordados espesos hechos a mano se combinan con texturas tan variadas como el cuero envejecido, el mohair dulce, la piel de pony y el cuero perforado, todo ello en una paleta suave de colores.
Los vestidos de noche lucen drapeados asimétricos que nacen de la inspiración de Galliano en el pintor Delacroix y surgen bellos, intrigantes, muy festivos; con volantes de muselinas, lentejuelas y crépe Georgette se bordan delicadas guirnaldas de seda en colores pastel -amarillo pálido, azul cielo o salmón- acompañados de piel.
La colección reúne ese espíritu Dior reconocible en la dualidad de saber utilizar materias delicadas como el chiffon con otras rudas como el cuero desgastado, o los juguetones encajes de Chantilly con duros troquelados en cuero chocolate. A este festival de 46 modelos se le envuelve en cuidados estilismos, con botas de mosquetero que llegan más allá de la rodilla, gorras, boinas, sombreros y, como ya es habitual, un maquillaje muy coherente con lo que se muestra sobre la pasarela. En este caso, los estilistas del show han recurrido a Diorskin Nude, un revolucionario producto que permite crear la ilusión de una piel desnuda, perfecta y libre de imperfecciones; en suma, una piel que parece no estar maquillada y que de ese modo no roba protagonismo al esplendor de las prendas.
10 / mar / 2010