Agatha Ruiz de la Prada


Madrid — 19 / feb / 2011

Las colecciones de Ágatha siempre son una fiesta y en esta ocasión con más motivo, pues se festejan los treinta años en el mercado de una firma convertida en una auténtica factory gracias a un sinfín de licencias que permiten a la traviesa diseñadora hacer lo que le da la real gana en su primera línea. A la montaña rusa cromática marca de la casa -sobredosis de rosa chicle y rojo sangre sólo para empezar-, se suma en esta ocasión el efecto ferial de hileras de leds punteando medias, sombreros y cinturones, así como teatrales vestidos de fiesta metalizados que adoptan la forma de envoltorios de regalo estampados en rayas de mil colores.

Aparecen los habituales corazones estampados, troquelados o sobredimensionados e insertados en la prenda para crear mujeres-naipe, pero entre todos los excesos relucen certeras dianas comerciales como los juveniles vestidos cortos en patchwork tricolor o con lentejuelas que dibujan el rostro de la diseñadora. También aparecen gozadas para la vista como el abrigo-capa en rojo y azul azafata, aunque lo mejor siguen siendo los complementos: las loquísimas gafas de sol, los sombreros y los coquetos zapatos de tiras de colores con fino tacón fucsia.

Agatha — Timeline

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